La argentina de los hijos de... es la argentina de las mafias mediáticas, conocerlas implica algo más que paciencia porque es enfrentar mafias reales.

 

Hay muchas razones para editar ¡Escucha, Alemania!en estos momentos. No sólo porque se trata de las palabras de uno de los escritores más grandes de Occidente. No sólo porque refleja fielmente la angustia extrema de un hombre que observa, de lejos y con impotencia, cómo una ideología totalitaria —el nacionalsocialismo, en este caso— puede carcomer y destruir sin piedad lo mejor de una nación. Publicamos este libro porque,después de todo, el mundo no ha cambiado tanto. Los nombres de los países son otros, los de sus líderes también. Pero hace falta recordar lo que sucedió entre 1933 y 1945, cómo lo permitimos, lo que hizo falta para detenerlo y—especialmente— el daño irreparable que nos hizo a todos sin excepción. Una vez más —en varios países y continentes diversos— ha resucitado el dragón de la intolerancia racial y religiosa. De nuevo hemos sido, y somos, testigos de guerras de exterminio y expansión (Lebensraumen la jerga nazi), y la práctica de fabricar «razones» para invadir y ocupar países soberanos (pre-emptive invasión en la jerga norteamericana actual). De modo que las palabras de Thomas Mann, lejos de parecernos ociosas o lejanas, vuelven a cobrar la inmediatez de aquellos años cuando el escritor exhortaba a sus compatriotas a protestar, a resistir a todo aquel que pisoteara los derechos del hombre en nombre de una supuesta superioridad racial que no fue sino la máscara ideológica de quienesdeseaban disfrazar —como heroísmo— su pequeñez, avaricia, crueldad, sadismo y deseo infinito de poder.
De todos los románticos franceses Gautier ha sido el peor tratado por la posteridad, sobre todo en su país. Su íntimo amigo Nerval tuvo la predilección del siglo XX, con esos entusiasmos desbordantes que suele provocar lo ininteligible; otros, como Lamartine y Musset, conocieron largos años de gloria popular, luego oscurecida, y Victor Hugo es un caso excepcional, de teratología literaria, ineludible, pero con el que nadie sabe muy bien qué hacer.A Gautier se le asigna el desairado papel de segundón, de versificador brillante y ornamental; eso sí, aunque no despierta fervores, los manuales de literatura le describen como la puerta de salida del romanticismo; él, que estuvo en las primeras batallas románticas, es también el que anuncia su desenlace, camino ya del Parnaso y de los simbolistas. Algo así como una pieza histórica, un poeta de poetas (aunque Mallarmé, admirador suyo, también en cierto modo lo fue).Y sin embargo, ahí está el clamoroso elogio de Baudelaire en la dedicatoria de Las flores del mal: «Al poeta impecable, al perfecto mago de las letras francesas, a mi queridísimo y veneradísimo maestro y amigo…». Como se ve, no se escatimaron alabanzas superlativas. Y en la literatura anglosajona —desde Swinburne y Henry James a T. S. Eliot, pasando por Ezra Pound—, sin olvidar una inesperada ramificación que pasa por los poetas acmeístas rusos, su nombre es una contraseña de modernidad.


Para la gente sin imaginación, una librería es un lugar donde se venden libros, y un librero, tan solo la persona encargada de venderlos. Eso es lo que piensa Valerie, una ambiciosa estudiante de económicas, cuando entra en la librería un tanto anticuada de su tía, que ha desaparecido dejando solamente una nota en la que nombra a la joven responsable de su negocio. Valerie se propone ordenar el caos reinante lo más rápidamente posible y liquidar las existencias. Sin embargo, está claro que ha subestimado el poder de los libros y la magia de la pequeña librería y de su samovar. Tras pasar una tarde de lluvia atrapada entre las páginas de El castillo de Kafka, empieza a darse cuenta no solo del poder de los libros para expandir la mente y reconfortar el alma, sino también de que su tía era una librera extraordinaria que sabía encontrar al lector perfecto para cada libro y localizar cada título en el aparente desorden de su tienda.
En Hormigón, Rudolf quiere escribir un estudio definitivo sobre Félix Mendelssohn, para ello decide ir a Palma de Mallorca, donde lo esperan reminiscencias del pasado. En Extinción, la novela más extensa de Bernhard y la más representativa de su obra, el narrador, Franz Josef Murau, padece la obsesión por el origen y busca superar su odio escribiendo sobre su lugar natal. Sus apuntes llevarán el título de Extinción, pues sólo existen para aniquilar el tema del que se ocupan. El presente volumen presenta dos obras cumbre de Bernhard, en traducciones revisadas por Miguel Sáenz, también autor del prólogo a esta edición, en el que anota: «Un Bernhard renovado, seguro de sus recursos (). Para muchos es éste el mejor Bernhard, el más accesible y claro».
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Conocer como el anverso del desconocer implica bastante más que mirar un lugar por el cual se transita de paso y sin estadía. Pero el lenguaje usado coloquialmente permite la mala interpretación cotidiana. Nunca publico recomendaciones de libros a leer por casualidad, hay todo un serio trabajo que realizo en mi andar intelectual.
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El «teorema de Gödel» es una de las más sensacionales conquistas científicas del siglo XX. Su autor —que sólo contaba veinticinco años cuando lo publicó, en 1931— revolucionó con él los cimientos de la lógica y de la matemática como Heisenberg los de la física con sus ecuaciones de incertidumbre.Muchos de los más interesantes desarrollos de la informática se cuentan entre los frutos cosechados por este legendario teorema, del que, por otra parte, se ha valido el físico Roger Penrose para cuestionar los supuestos de la inteligencia artificial.El teorema de Gödel, ha escrito Hofstadter, es como una perla en una ostra. Su secreto no se percibe escrutando la perla, sino el aparato demostrativo oculto en la ostra que la aloja. Este libro de Nagel y Newman, dedicado por sus autores a Bertrand Russell, es el único existente que permite a un lector sin base matemática obtener un conocimiento del teorema, de su prueba y de su contexto histórico, suficiente para poder formarse juicio propio sobre las consecuencias que comporta para nuestro concepto de la mente y de la cultura humana.
La industria del Holocausto, un libro vehemente, iconoclasta y polémico, es la denuncia de dolorida voz que alza el hijo de unos supervivientes contra la explotación del sufrimiento de las víctimas del Holocausto. En esta obra fundamental, el eminente politólogo Norman G. Finkelstein expone la tesis de que la memoria del Holocausto no comenzó a adquirir la importancia de la que goza hoy día hasta después de la guerra árabe-israelí de 1967. Esta guerra demostró la fuerza militar de Israel y consiguió que Estados Unidos lo considerara un importante aliado en Oriente Próximo. Esta nueva situación estratégica de Israel sirvió a los líderes de la comunidad judía estadounidense para explotar el Holocausto con el fin de promover su nueva situación privilegiada, y para inmunizar a la política de Israel contra toda crítica. Así, Finkelstein sostiene que uno de los mayores peligros para la memoria de las víctimas del nazismo procede precisamente de aquellos que se erigen en sus guardianes. Basándose en una gran cantidad de fuentes hasta ahora no estudiadas, Finkelstein descubre la doble extorsión a la que los grupos de presión judíos han sometido a Suiza y Alemania y a los legítimos reclamantes judíos del Holocausto y denuncia que los fondos de indemnización no han sido utilizados en su mayor parte para ayudar a los supervivientes del Holocausto, sino para mantener en funcionamiento «la industria del Holocausto».

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