No es una sorpresa, sí es una poco grata costumbre, no debería ser costumbre por sus carencias éticas. Argentina aburre cultural y políticamente. Todos es obvio, el feminismo ha vuelto todo obvio, la regularización del "correctismo político" es un modelo de castración cultural que atrofia mentes donde debería de plantar rebeldías. En argentina el feminismo es fraude y corrupción, literalmente, pero al mismo tiempo es castración ideológica, persecución laboral y política, en fin, es un esquema de actividades nefastas que truncan ideas hermosas, que amputan y queman obras artísticas de una hermosura y una rebeldía que el feminismo argentino es incapaz de practicar. El feminismo argentino parece no querer dejar de intervenir internacionalmente manejado sionistamente.


Y los operadores que tenían hablando de Duhalde en los kioscos del Jevi son de hace tres años y ya venían hacía 8 años operando. Quedando demostrado que la operación que hicieron en mi contra era para que el traspaso político de sectores previamente no kircheristas al nuevo pacto de coaliciones del frente de todos estaba pensado desde acciones de hurto.
Josh Levin es un aprendiz de guionista treintañero que se gana la vida dando clases de inglés para extranjeros mientras sueña con vender una de sus historias a una gran productora de Hollywood. Su portátil está lleno de ideas para guiones, pero la única que le importa de verdad es una que ha titulado «La guerra de los zombis». Cuando un día llega a su apartamento y se encuentra al casero —un veterano de la guerra del Golfo un poco tarado— hurgando en su colada, decide que ha llegado el momento de mudarse con su novia, la adorable Kimiko. Todo parece ir razonablemente bien hasta que Josh va a una fiesta en casa de Ana, una estudiante bosnia con un marido violento y celoso…Ambientada en unos Estados Unidos todavía traumatizados por los atentados del 11-s, Cómo se hizo La guerra de los zombis es una hilarante novela sobre un tipo que está convencido de que «uno se puede organizar bien la vida sobre la base de la ausencia absoluta de esperanza y ambición». Un libro aparentemente muy distinto a los anteriores de su autor, pero que ha confirmado a Aleksandar Hemon como uno de los escritores más interesantes del panorama literario internacional.


A Lérmontov se le consideró un romántico, «el poeta del Cáucaso»; es sin duda el autor de la primera obra moderna de la narrativa rusa, Un héroe de nuestro tiempo (1840); y, si no hubiera muerto a los 27 años en un duelo, dicen los críticos que «lo tenía todo para convertirse en un gran realista». En el año del bicentenario de su nacimiento, este volumen reúne su espléndida novela sobre un héroe byroniano, «un retrato compuesto con los vicios de toda nuestra generación», y una antología representativa de su obra poética, en la que destaca precisamente, y paradójicamente, un poema cuyo primer verso dice: «No, no soy Byron».Víctor Gallego Ballestero, su traductor y seleccionador, señala que tanto en la prosa como en la poesía de Lérmontov no hay esperanza en la compañía humana, ni en la comprensión ni en el amor; sus únicos remansos de paz son la contemplación de la naturaleza —ese Cáucaso grandioso y solitario— o el turbio «placer de atormentar a otro». El poeta siempre estuvo «en lucha constante contra alguien», siempre buscó «ofensas o simples pretextos para atacar o aleccionar a sus contemporáneos»: de ahí probablemente que, después de varios duelos, acabara muriendo en uno. Hay en la obra de Lérmontov una intensidad, un desencanto de lo humano, una visión desamparada de lo heroico y romántico cuya complejidad ha crecido con el paso del tiempo.
Lermontov nació en Moscú, en 1814. Hijo de un oficial de origen escocés, perdió pronto a su madre y se educó en casa de los aristocráticos abuelos. Entre los 14 y los 18 años escribió más de 300 poemas y varias obras teatrales. Durante sus estudios en Moscú se entusiasmó por la obra de Lord Byron, orientando su propia escritura hacia algunos aspectos de éste. Fue expulsado de la universidad e ingresó en una academia militar. En 1837 fue enviado al Cáucaso a causa de un poema crítico publicado con motivo de la muerte de Pushkin. De vuelta en Moscú, en 1838, editó su primer volumen de poemas. Un duelo le valió otro traslado de castigo al Cáucaso donde murió en una pelea con un oficial en 1841. Lermontov es considerado como el máximo representante del romanticismo ruso. Su obra ha sido objeto de importantes controversias entre los teóricos de la literatura moderna.Concretamente, la interpretación materialista rusa quiso ver en Lermontov un anticipador del realismo psicológico y en su obra una crítica del viejo orden que genera personajes inútiles y cínicos, como el protagonista de la presente novela. No obstante, Vladimir Nabokov señala, en el prólogo, que el aburrido y extravagante héroe también es el producto de varias generaciones a las que pertenecería el Werther de Goethe, el René de Chateaubriand, el Adolphe deConstand y los héroes de los poemas de Byron. La fascinación que emana del protagonista Pechorín, un joven oficial ruso de mediana estatura, bello y rubio, cínico, elegante, frío y tierno y que viaja hasta los extremos más salvajes de un inmenso país por puro aburrimiento, es un perdurable atractivo para lectores de todos los países y épocas.
Un héroe de nuestro tiempo, título fundamental para entender el paso del Romanticismo al Realismo en la literatura rusa, se compone de cinco relatos conectados por una estructura narrativa espiral centrada en un único protagonista, Pechorin, un joven oficial ruso desilusionado de la vida y del género humano, que describe su propia alma como medio muerta y la felicidad como la capacidad de tener poder sobre los demás.Nabokov en su prólogo da una lección magistral de literatura rusa. En algún momento señala: «Las cinco historias van creciendo, girando, revelando y enmascarando sus contornos, alejándose y reapareciendo con una nueva perspectiva o luz como cinco cimas montañosas que acompañarán a un viajero por los meandros de un cañón del Cáucaso».Lérmontov, al igual que otros grandes autores rusos como Pushkin (El prisionero del Cáucaso) y Tolstói (Hadyi Murat, Los cosacos) rinde homenaje literario a las irreductibles gentes de las montañas que nunca se sometieron a la dominación rusa, que protagonizaron rebelión tras rebelión y que llegaron a compartir con sus más acérrimos enemigos, los cosacos que protegían las fronteras del imperio zarista, un cierto respeto compatible con el odio.
Comentarios
Publicar un comentario