Beat generation (Generación batida o la generación del golpe) When we say culture we mean infinity of components, we say cultural industry, art, customs and sub-cultures.
Cuando decimos cultura decimos infinidad de componentes, decimos industria cultural, arte, costumbres y sub-culturas. Lo subterráneo, las modas, los modismos, lo contracultural, lo que es escaso y de culto. Lo cultivado y lo ignorante, al decir cultura decimos infinidad de hechos sociales, históricos, filosóficos, antropológicos. Cada generación tuvo su cultura. Como todo un encadenamiento de consecuencias que parecen arrancar con la primera pieza del dominó cultural hasta formar la V de Vendetta, los vengadores marginados emergían en las artes de esa Norteamérica que había vivenciado la depresión de fines de los años veinte y principios del treinta. Es imposible no ver la cercanía entre Henry Miller y la Generación Beat, también es imposible sacar a Bukowsky de esa ecuación, todos parecen estar correlacionados por algunos hilos culturales, incluso esos dos que no pertenecían a la Beat Generation de modo directo y concreto. Tampoco agotaré en esta sola entrada toda esa historia, pero para que vayan adentrándose en esa generación les voy recomendando los siguientes libros. Y a no confundir a la Beat Generation con los Beatles. Ni a los Dadaístas con los Surrealistas, ni a Friederich Hayek con John Maynard Keynes y tampoco a Keynes con John Nash.
William Burroughs publicó Yonqui, en 1953, gracias a los buenos oficios de Allen Ginsberg, que se paseó con el manuscrito bajo el brazo por diversas editoriales hasta dar con Carl Solomon, un editor más valiente y más desesperado que otros, y que años después confesó que era tal el terror que le daba trabajar con semejante material que estuvo a punto de sufrir un colapso. Y así fue como apareció uno de los libros míticos de la literatura americana de nuestro siglo, pero también uno de los más prohibidos y subterráneos, en una editorial marginal, bajo el pseudónimo de William Lee. Burroughs aún no era el autor de “El almuerzo desnudo”, ni se había constituido en el gran visionario de nuestra época, que ha inspirado a escritores, a músicos, a pintores y a cineastas, pero en esta descarnada, deslumbrante crónica de una adicción los vagabundeos en busca de droga, la avidez por el chute, la peculiar sexualidad y las no menos extrañas relaciones nacidas en la comunión de la droga estaba ya el fundamento de toda su obra posterior. Para Burroughs, un audaz explorador del lado más salvaje de la vida y la literatura, todo debe ser experimentado hasta el límite, aunque él nunca pierde la distancia de la inteligencia. Para llegar al paraíso de la droga hay que hundirse en su infierno, puesto que ambos son lo mismo, y la degradación nunca está muy lejos de la revelación. Porque la droga, finalmente, no es un medio para aumentar el goce ni un estimulante: es una manera de vivir.
Se suele catalogar a esta novela como una secuela o, en parte, una sobredosis de la anterior, Yonqui. Pero bien leída, es mucho más. A pesar de las contribuciones de Burroughs a la simbolización de lo raro en el siglo XX, lo fuera de la norma, incluyendo aquello que desafíe a las leyes, no suele considerarse a este autor en el canon de la literatura queer. Con esta historia inaugura un estante admirable y pionero si tenemos en consideración que lo escribió en los años cincuenta, aunque haya resultado editada recién treinta años más tarde. Si Yonqui terminaba con la ambición de encontrar una droga superior a la heroína, esta continuación, que incluye un viaje a Latinoamérica entre otras perdiciones y divagues, es el reencuentro del autor con su propia homosexualidad. El protagonista sigue siendo drogadicto y contracultural, pero ahora es dulcemente patético y siempre al borde de la crisis. Capaz de protagonizar una historia de amor con una buena dosis de hartazgo y de sexo como sólo un alter ego de Burroughs podía hacerlo.
Publicado originalmente en 1970 y traducido en esta oportunidad por primera vez al español, La revolución electrónica reúne una serie de ensayos de carácter panfletario escritos por William S. Burroughs. Su finalidad excede los dominios de la literatura: en ellos establece su teoría sobre el carácter viral del lenguaje, y revela los detalles de una serie de experimentos sonoros y visuales cuyo fin es el terrorismo psíquico.En la medida en que el sistema viral de la lengua se reproduce con gran facilidad y condiciona toda actividad humana, el virus-palabra y su difusión massmediática puede volverse tanto un instrumento de control y sujeción mental, como un arma destinada a sabotear y anular esos mismos mecanismos. En La revolución electrónica, Burroughs explora la dimensión subversiva de la técnica del cut-up (aquella a partir de la cual estructuró sus novelas más experimentales en los sesenta) mediante el uso de dispositivos electrónicos como grabadores de cinta abierta y cámaras de video, con la voluntad expresa de liberar el virus contenido en la palabra y promover el caos social. La revolución electrónica es así un manual de instrucciones de sabotaje urbano y un compendio de experiencias audiovisuales orientadas a intervenir en ese campo de batalla que para Burroughs es la cultura.
El Inspector de la policía de Nova, define el propósito de Expreso Nova: poner al descubierto y arrestar a los criminales de Nova: «Muestra quienes son y lo que hacen y harán si no se los arresta. Los gobiernos son mentirosos cobardes, colaboradores traidores»; el prometido jardín de las delicias es una «cloaca terminal», y aunque la policía consiga llevar a los criminales a las cortes Biológicas, los jueces mismos son gente corrompida, adicta a las drogas y las prácticas sexuales venusinas…Burroughs ha creado nuevamente una obra de fantasía y realidad, histeria y risas, una auténtica feria de horrores cuyo lema podría ser: «Que todos los jugadores muestren ahora las cartas», y que Burroughs presenta como una última prescripción literal en beneficio de la supervivencia y la cordura del hombre.
Cartas del yagé, libro publicado originalmente en 1963, es un volumen de correspondencia y otros escritos de William Burroughs y Allen Ginsberg. La mayor parte de estos textos datan de 1953, y son la crónica del viaje que hizo Burroughs a la selva amazónica en busca del yagué o la ayahuasca, una planta de míticas propiedades alucinógenas y telepáticas. Burroughs comparte con Ginsberg anécdotas, historias y ciertos conceptos que más tarde utilizaría en novelas como El almuerzo desnudo. El volumen termina con una larga carta de Ginsberg, escrita en 1960, en la que le relata a Burroughs los experimentos que él mismo realizó también con la ayahuasca. Al final del libro se incluyen dos epílogos: una breve nota de Ginsberg, escrita tres años después de los hechos narrados, en la que proclama su mística permanencia entre los vivos, y un hiperlisérgico y apoteósico de Burroughs titulado «¿Me estoy muriendo, Míster?».
En el estilo escueto y casi telegráfico que lo caracteriza, Burroughs abre fuego contando la historia del capitán Mission, un pirata del siglo XVIII, fundador de una colonia de renegados libertarios en la costa oeste de la isla de Madagascar. Entre las pocas prohibiciones que las leyes de «Libertatia» imponen a sus ciudadanos, la más importante es la que impide la matanza de los lémures. Estos remotos ancestros del género humano que una vez optaron por la inocencia al negarse al lenguaje.Pero las calamidades acechan y no sólo los lémures recibirán un trato despiadado sino que un misterioso templo de piedra, puerta de entrada al Jardín Biológico de las Oportunidades Perdidas, será destruido. Mission sabe que la destrucción del templo truncará el desarrollo de los lémures en criaturas aún más sensibles y maravillosas y comprende que «una oportunidad que se presenta sólo una vez cada ciento sesenta millones de años», se ha perdido irremediablemente.«La belleza siempre está condenada», concluyen Mission y Burroughs. El Homo bobiens parece ser el gran responsable: por su avidez, sus armas y su atroz ignorancia. El capitán Mission es, en la pluma de Burroughs, un soberano que discurre sobre la agonía y el desencanto de la esperanza, con la fuerza descriptiva de un retablo del Bosco y el alto vuelo lírico que ha hecho de este autor uno de los grandes «venerables» para varias generaciones de escritores y lectores.
Los Vagabundos del Dharma expone el deslumbramiento que el budismo zen produjo en los representantes de la Generación Beat. Su primera ley, «la vida es sufrimiento», calza a la perfección con la época en que su autor se sentía un fracasado por no encontrar editor para sus libros. Además de relatar la búsqueda del auténtico significado —el Dharma—, por parte de unos jóvenes desharrapados y febriles, expresa la comunión con la naturaleza en la cima de altas montañas, la fraternidad y la poesía.Kerouac aparece aquí como Ray Smith, aunque el auténtico protagonista es el poeta budista Gary Snyder, quien figura bajo el nombre de Japhy Ryder. Junto a ellos puede identificarse fácilmente a Allen Ginsberg (Alvah Goldbook), Philip Whalen (Warren Coughlin), Kenneth Rexroth (Rheinhold Cacoethes) y Neal Cassady (Cody Pomeray), entre otros participantes del llamado «renacimiento de San Francisco», retratado con suma fidelidad en el libro.
Los subterráneos es una de las mejores novelas de Jack Kerouac; en ella se precisa su voluntad de llevar a cabo una suerte de autobiografía literaria que será, al propio tiempo, una crónica legendaria de la Generación Beat. En efecto, casi todo es aquí relato autobiográfico, «fraseado» con ese inimitable estilo sincopado que aprendió escuchando en el Minton’s de Nueva York a los grandes del bop. Al igual que Charlie Parker, Kerouac improvisa en torno a un tema, y escribe de la manera más flexible, adaptándose en cada episodio a las resonancias que le sugiere el momento.La novela transcurre en San Francisco, ciudad a la que Kerouac llegó en 1953, antes de alcanzar la fama, y es un fresco de días y de noches habitadas por el jazz, el alcohol y las drogas, cabalgando entre la desesperación absoluta y las ilusiones más descabelladas, al hilo de una estremecedora historia de amor: la del escritor Leo Percepied (una nueva encarnación de Kerouac) y una muchacha negra, Mardou Fox, «el ángel negro, desesperado y sombrío, de este mundo subterráneo de Frisco».VITO AMORUSO
Con el paso del tiempo, En el camino, un libro que fue la biblia y el manifiesto de la Generación Beat, se ha convertido en una «novela de culto» y en un clásico de la literatura norteamericana.Con un inconfundible estilo bop, que consiguió para Kerouac el título de «heredero de Charlie Parker», en esta novela se narran los viajes enloquecidos, a bordo de Cadillacs prestados y Dodges desvencijados, de Dean Moriarty —el héroe de todos los beatniks, «un demente, un ángel, un pordiosero»— y el narrador Sal Paradise, recorriendo el continente, de Nueva York a Nueva Orleans, Ciudad de México, San Francisco, Chicago y regreso a Nueva York. Alcohol, orgías, marihuana, éxtasis, angustia y desolación, el retrato de una América subterránea, auténtica y desinhibida, ajena a todo establishment. Una crónica cuyos protagonistas, en la vida real y en el libro, fueron Jack Kerouac (Sal Paradise), Neal Cassady (Dean Moriarty), Allen Ginsberg (Carlo Marx) y William S. Burroughs (Old Bull Lee).
Los poemas de Jack Kerouac contienen muchas de las claves de su obra y expresan la aventura literaria y vital de su autor.
El 25 de agosto de 1968 tuvo lugar en Chicago la Convención del Partido Demócrata. Cinco mil personas entre anarquistas, pacifistas, hippies, comunistas, exponentes de la nueva Izquierda, radicales, militantes negros, llegaron a la ciudad y se acamparon en el Lincoln Park. Junto a Ginsberg estaban Norman Mailer, William Burroughs, Jean Genet. La respuesta de las Fuerzas Armadas, inmediata, masiva y violenta hizo historia. Soldados, agentes de policía, detectives del FBI, un total de 24 000 hombres se lanzaron en una despiadada caza al hombre.Aunque un informe oficial estableció que la violencia fue provocada por las fuerzas del orden, los organizadores de las protestas de Chicago fueron procesados y condenados. Delante de los jueces desfilaron las personalidades más representativas de la nueva cultura norteamericana: entre ellos por supuesto estaba Allen Ginsberg.Durante el interrogatorio y el contrainterrogatorio, el autor de Aullido salmodió y recitó sus poemas, indiferente a toda clase de burlas por parte de la corte y determinado a explicar las razones profundas de aquellas protestas.Testimonio en Chicago recoge las actas del interrogatorio con un prólogo de Fernanda Pivano y la crónica de la comparecencia de Ginsberg delante de los jueces que se publicó en The New York Review of Books en 1970 firmada por Jason Epstein, editor, escritor, periodista y co-fundador de la revista.
"Aullido y otros poemas (Ed. bilingue) - Allen Ginsberg". Nombre de Archivo: "Aullido y otros poemas (Ed. bilingue) - Allen Ginsberg. Es uno de los poemas generacionales que verdaderamente describen una generación y una época.















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