Meditando lo político desde lo psicológico y lo social.

 

Del mismo modo que hacen los funcionarios de las instituciones en general, sean ya las del Estado punitivo, el represor, el administrativo del tiempo ajeno y de las reglas de vida, con la medicina y la psiquiatría ocurre exáctamente lo mismo que con la política y la economías. Así como los empresarios se definen casi como agentes neutros, así como los jueces se definen como agentes imparciales, con la misma falsedad, hipocresía, demagogias y falacias ocurre en otros campos. Un buen ejemplo de ello en otro campo es el que dan esto libros de este autor:

Los psiquiatras, afirma Szasz, suelen ocultar y mistificar su toma de partido tras un manto de neutralidad terapéutica, sin admitir jamás que son los aliados o adversarios del paciente. En vez de definir su intervención como beneficiosa o dañina, liberadora u opresora para el «paciente», insisten en definirla como un «diagnóstico» y «tratamiento de la enfermedad mental». Es justamente en este punto, según el autor, donde reside el fracaso moral y la incompetencia técnica del psiquiatra contemporáneo. Se trata entonces de reevaluar la psiquiatría definiéndola como una empresa moral y política, desenmascarando una ideología que «menoscaba al hombre como persona y lo oprime como ciudadano». Szasz encuentra además evidencias de la acción de dicha ideología en campos como la educación o la política. La noción de enfermedad mental puede haber sido útil en el siglo XIX, pero hoy es científicamente innecesaria y socialmente dañina. Como declara su autor ya en la introducción, la psiquiatría le parece «una actividad pseudomédica», articulada sobre pseudoenfermedades. Szasz toma la histeria como ejemplo y analiza las fallas de las interpretaciones clásicas y contemporáneas. A pesar de ello «podría llegar a ser una ciencia» si sus cultivadores se decidieran a poner las bases para «una teoría sistemática de la conducta personal». Si se entiende y estudia toda conducta humana como un tipo especial de comunicación que se da en el marco de ciertos roles y reglas establecidas, comprender una enfermedad mental es descifrar su mensaje y elucidar las «reglas del juego».
Pocos son los que aun hoy se oponen radicalmente al poder absoluto de las instituciones médicas y psiquiátricas, por vía de la infalibilidad de la Ciencia, sobre los enfermos —o llamados enfermos— que se someten a ella ciegamente debido a su ignorancia, no sólo de su propio cuerpo, sino también del enigmático lenguaje médico al que no tienen acceso. Thomas Szasz, profesor de psiquiatría en la Universidad del Estado de Nueva York, es uno de esos escasos pioneros. Aun ejerciendo en el mundo de esos modernos sacerdotes, reflexiona con asombrosa lucidez y sencillez sobre la responsabilidad ética de su profesión.Thomas Szasz expone él mismo el propósito de este libro:«Estos ensayos, aquí reunidos, están animados por el deseo de sondear en los aspectos ceremoniales y religiosos de distintas prácticas médicas. Antes, la gente se convertía en su propia víctima atribuyendo poderes mágicos a sus médicos. Enfrentados a personas que asumen esos poderes sobrehumanos, los hombres y mujeres corrientes tienen tendencia someterse a ellas con una fe ciega, cuyas inexorables consecuencias consisten en convertirse a sí mismos en esclavos y en convertir en tiranos a sus protectores. Por eso, los que concibieron la Constitución en Norteamérica hicieron las cosas de tal manera que la gente respetara a los sacerdotes por sus creencias, pero que desconfiara de ellos por su poder. Para ello, elevaron una barrera entre la Iglesia y el Estado. Asimismo, esa gente debería respetar a los médicos por su capacidad profesional, pero desconfiar de ellos por su poder. Pero hasta que la gente eleve una barrera entre la Medicina y el Estado, no podrá hacerlo y sucumbirá precisamente al mismo peligro del que se supone la ley debería librarla».


El pecado original consiste, según el Antiguo Testamento, en conocer, como Dios, el bien y el mal. El segundo pecado consiste en hablar claramente y hacerse entender. Dios castigó esta transgresión en Babel y condenó al hombre a sumirse en la Divina Confusión: desde entonces nos engañamos los unos a los otros. El doctor Thomas S. Szasz explica que esta confusión del lenguaje es la que ha producido gran parte de la deshumanización, intolerancia y estupidez pura y simple que actualmente lo empeñan todo, desde la política hasta la vida sexual.En El segundo pecado el doctor Szasz aplica su espíritu crítico, eminentemente racionalista y libertario, no solo a la psiquiatría (con especial énfasis en el mito de la enfermedad mental y en los abusos de la psicoterapia y el Estado terapéutico), sino también a la familia, el matrimonio, la sexualidad, la educación, las emociones, las relaciones sociales, la medicina, las drogas, el suicidio, y muchos otros temas donde es indispensable hundir a fondo el bisturí desmitificador.
 
La vieja tesis de los movimientos sociales de que a mayor educación se aumentarían las posibilidades de cambio social ha resultado ser equivocada. El avance de la escolarización obligatoria y su extensión a capas de edad más amplias cada vez no ha producido deseos mayores de liberación. A menudo, ha resultado tener un efecto contrario, pues quienes salen de las escuelas han asumido el discurso del Poder y se han convertido en férreos defensores del estado de las cosas.¿Qué papel ha tenido la propia escuela en este proceso? Recogiendo toda una tradición crítica y partiendo en especial de las ideas anarquistas al respecto, este libro pone de manifiesto el papel de reproducción del sistema que juega la escuela oficial, convertida en un instrumento más de dominación. Así, se analizan en la obra los aspectos explícitos de la escuela en cuanto transmisora de la cultura e ideas del capitalismo, como los contenidos que se enseñan de manera declarada o las relaciones entre el diseño escolar y la estructura jerárquica de la democracia y también aquellos aspectos que quedan más o menos ocultos, como la influencia de la metodología o de la visión antropológica del sistema de enseñanza en la misión que mejor cumple: aprender a obedecer.Al tiempo, los autores ofrecen las claves de una visión libertaria de la educación, esgrimiendo los rasgos generales de las ricas experiencias anarquistas en este terreno, en la búsqueda de personas libres que contribuyan a una sociedad libre.

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